Me reía, me reía ¿de qué me reía? de verme allí abanderando una juventud inexistente, moviéndome al compás de la música del pasado.
¿Quién era yo más que nadie en aquella pista rodeada de personas doloridas por el azar y la vida, de personas vapuleadas y expuestas de nuevo en la ruleta de la suerte?.
De personas desengañadas y desilusionadas buscando con sus bailes alguien al azar para calmar tanta soledad. Desdichados, desencantados, puteros que buscaban entre la oscuridad y las luces de neón algún consuelo pasajero, para calmar la sed de soledad y sexo que tienen retenidas en sus vidas.
Y yo me sentí reina y afortunada, bailando frenéticamente al compás de los recuerdos más que de la música, celebrando el tenerte a mi lado, sabiéndonos poseedores de un buen trabajo bien hecho, con nuestra casa viento en popa navegando por los días de la vida y con la tripulación perfectamente organizada y capaz de permitirnos que un día como hoy tu y yo pudiéramos disfrutar de una estupenda tarde de viernes como si fuésemos dos jovenzuelos.









